sábado, septiembre 27, 2008

Y entonces, nuestros ojos se encontraron, y nuestras voces se unieron

Glen Hansard es un cantante y compositor que interpreta sus canciones por las calles de Dublín, cuando no está trabajando en la tienda de su padre. Durante el día, para ganar algún dinero extra, interpreta conocidos temas para los transeúntes, pero por las noches, toca sus propios temas en los que habla de cómo le dejó su novia. Su talento no pasa desapercibido a Marketa Irglova, una inmigrante checa que vende flores en la calle. Ella tampoco ha tenido suerte en el amor y, para sentirse un poco mejor, escribe canciones sobre el tema, pero, a diferencia de Glen, nunca las interpreta en público. Glen y Marketa, acaban de improviso haciendo un dueto en una tienda de música, y será entonces cuando descubran que algo les une...


Detesto aquellos musicales en los que los protagonistas se lanzan a cantar sin ningún motivo. Me crispan los nervios los números musicales "gratuitos", tipo Hollywood/Bollywood. Pero Once me ha reconciliado con la música en el cine. Once no es un musical al uso. No importa que John Carney no sea un virtuoso de la técnica cinematográfica; es más, no importa que muchas escenas parezcan grabadas con vídeo doméstico. John Carney sabe de cine: ha creado magia.

Autenticidad, frescura, honestidad, romanticismo desbocado... Once tiene un aire documental que hace absolutamente creíble la historia de Glen y Marketa, sin pretenciosidad, sin artificios. Un par de miradas, un par de cafés, un par de historias. No hacen falta grandes diálogos, Once es tan poderoso que 3 o 4 minutos de canción te enamoran. El If you want me de Marketa caminando sola por la calle. El Falling slowly en la tienda de pianos. Como me dijo una amiga (gracias por la recomendación), a mí también me gustaría entrar en una tienda y oírlos tocar, quedarte embobada escuchándolos cantar.


Fuera artificios, nada de sentimentalismo barato. La relación previa entre los dos protagonista se nota en la complicidad de sus gestos. Como dijo el propio director, mejor dos cantantes que medio interpretaran que dos actores que medio cantaran. Que sus interpretaciones no sean dignas de Ser o no ser no perjudica en absoluto la película. Todo lo contrario. Si alguna vez me he preguntado si lo que ocurre en las películas puede pasar en la vida real, Once me dice que sí.

Once, ese beso robado que al final no vemos. Hay ocasiones en que un abrazo expresa más que mil besos. Si eres de esos que alguna vez han descubierto alguna lágrima furtiva al oír esa canción especial, de los que se enamoran de una expresión, ve Once, se siente en la piel. Y redescubre el romanticismo.

Gracias Jorge.

domingo, septiembre 14, 2008

Telón

Londres, 1914. Calvero, una vez gran cómico del teatro, se dirige borracho a su vieja casa. Cuando llega, un desagradable olor le hace reaccionar de repente. No proviene de sus zapatos, como piensa en un principio, si no que se trata de un olor a gas, que parece venir de detrás de una puerta cerrada con llave. Calvero consigue entrar y encuentra a Terry inconsciente. Lleva a la joven a su apartamento del ático y la reanima, le pregunta entonces por qué quiere suicidarse. La muchacha explica que siempre había soñado con convertirse en una gran bailarina, pero que sus piernas están paralizadas. Calvero jura conseguir suficiente dinero para ayudar a la joven. Vuelve a los escenarios, donde su anticuado número es recibido con oleadas de silencio. Ahora es el turno de Terry de animar a Calvero a seguir viviendo y, entretanto, ésta recobra la movilidad de sus piernas. Contratada por el cuerpo de baile del Empire Theatre, Terry logra que el director contrate a Calvero. El empresario no reconoce al famoso cómico por el disfraz de payaso y lo despide.


El gran dictador es la sátira más genial de la historia del cine. Tiempos modernos es desternillante y certera. Luces de la ciudad es una poesía bellísima. El chico, un prodigio de ternura. Casi toda la obra de Chaplin es maestra. Y Candilejas... Es la que yo elijo, quizá porque es melancólica como yo. Candilejas habla de la vejez, de la vida, del amor... del artista. Un testamento de toda una vida.

Pobre Calvero. Ha sido famoso, pero está en decadencia. Mejor dicho, está en las últimas. No tiene ocupación en esta vida. Y sin embargo, enamorado de Terry, encuentra una razón para dejar de ser un fracasado. Sabe que no es para él, pero no le importa. La protege y alienta hasta que Terry alcanza el éxito, mientras que a él no le queda otra que unirse a unos músicos callejeros y tocar con ellos a la puerta de los bares. Una despedida subconsciente del cine americano. Y vaya canto de vida, basta con oír el primer discurso de Calvero.


Charles Chaplin, rey de la comedia y del gag, se despide de la razón de su vida con una amargura y un melodramatismo que pocas veces han llegado a ser tan bellos. Tristeza, melancolía o risas y alegría. Nostalgia a los artistas que alegran la vida y la llenan de color. Chaplin habla más que nunca y nos deleita con la maravillosa partitura del propio Chaplin, Raymond Rasch y Larry Russell.

Al final Calvero triunfa, con Buster Keaton. La vida fue puro teatro.

"Entre candilejas te adoré
entre candilejas yo te amé
la felicidad que diste a mi vivir
se fue;
no volverá, nunca jamás
lo sé muy bien."
(José Augusto)

lunes, junio 30, 2008

Ríos de tinta

En 1945, Jakob Bronski, un joven disidente encarcelado en Drancy, decide proteger a dos niños, Melanie y Christopher. Cuarenta años después, Melanie descubre que Jakob sigue vivo. Siempre había creído que después de ser trasladado a Auschwitz había muerto. Le invita a vivir en su granja familiar, en Canadá. Pero Jakob no llega solo, trae a Christopher. Melanie y Christopher deberán reconocer el poderoso vínculo que existe entre los dos. El pasado explota en el presente en una tierna e inesperada historia de amor.


Lo que parece el título de un libro de autoayuda es la obra-bombón del italiano Paolo Barzman, que quedó fascinado ante la novela de Matt Cohen. Aritmética emocional es otra historia de las consecuencias del Holocausto, sin grandes gestas ni héroes, sólo supervivientes de un drama que les marcará toda la vida.

Como todo libro de autoayuda, la trama consta de 3 pasos: redención, cicatrización y reconciliación. La estructura de la película sigue el caos emocional en el que están sumidos los protagonistas en detrimento de la solidez de un guión consistente. Sentimientos, pensamientos y acciones que se quedan ocultos y se distorsionan. Son 2 planos diferentes: racional y emocional. El segundo funciona perfectamente.


Pues, aunque el guión sea un poco flojo, Barzman se rodea de cuatro monstruos como Susan Sarandon, Max Von Sydow, Christopher Plummer y Gabriel Bryne y los mima a base de primeros planos que les permiten lucirse. Los flashback en blanco y negro son estéticamente poderosos, directos a la emoción del espectador. Ese momento entre Melanie y Christopher es bellísimo. También destaca una gran fotografía y la cuidada banda sonora de Norman Corbeil y en general, la pulcritud técnica.

Una corriente de amor, dolor y confusión. Las consecuencias psicológicas. Los campos de concentración que hacen acto de presencia en forma de pasado traumático, de punto de inflexión en sus vidas. Ríos de tinta. ¿Crees en Dios?. Mejor dicho ¿cree Dios en mí? No es Dios el único ausente en los campos de matanza, sino la humanidad entera.

domingo, junio 15, 2008

M. Night Shyamalan VI: El apocalipsis acecha

Todo comienza sin previo aviso. Parece surgir de la nada. En cuestión de minutos, se producen casos de extrañas y escalofriantes muertes en las principales ciudades de Norteamérica que desafían cualquier explicación. ¿Qué está causando este repentino y total colapso del comportamiento humano?, ¿Es algún nuevo tipo de ataque terrorista, un experimento fallido, una diabólica arma tóxica, un virus fuera de control?, ¿Se transmite por el aire, a través del agua... cómo? Para el profesor de ciencias en un instituto de Filadelfia Elliot Moore, lo más importante de todo es encontrar el modo de escapar de este misterioso y letal fenómeno. Aunque él y su mujer Alma están atravesando una crisis en su matrimonio, se ponen en camino, primero en tren, luego en coche, con Julian, amigo de Elliot y profesor de matemáticas, y Jess, la hija de ocho años de edad de éste, hacia Pennsylvania, donde esperan estar a salvo de los horribles y cada vez más frecuentes ataques. Aunque muy pronto queda claro que nadie está seguro en ninguna parte. Este aterrador e invisible asesino no puede ser evitado. Es únicamente cuando Elliot empieza a entender la verdadera naturaleza de lo que está acechando ahí fuera (y lo que ha desatado esa fuerza que amenaza el futuro de la humanidad), cuando descubre un atisbo de esperanza creyendo que su familia quizás pueda librarse de lo que está ocurriendo.


Por fin vuelve Shyamalan. Después de tanto fracaso de público -no de sus fans, por supuesto-, el indio despertaba muchísimas expectativas con una historia apocalíptica, de esas que nadie se atreve a etiquetarlas como premonitorias, pero todos saben que hay algo inquietante que podría hacerse realidad. The happening podría haber sido un coloso. De una idea tan genial podría haber salido una obra maestra. O un bodrio. Quizá por querer contentar a todos -sin conseguirlo- a Shyamalan le ha salido un buen thriller "sobrenatural", pero no la película que esperaba que me dejara la boca abierta. No hay riesgos. Lástima.

El punto de partida es perfecto. Un misterio sin solución del que nadie puede escapar. De repente, sin que nadie lo espere, una gran cantidad de personas en el planeta comienzan a morir de manera fulminante y al mismo tiempo. A plena luz del día. A Shymalan no le hace falta la oscuridad para reflejar el miedo, sus imágenes son lo suficientemente potentes. La causa es desconocida y los efectos devastadores. Nadie puede escapar.

Es el caos en estado puro. No así como el resto de la historia, que avanza y avanza y todo queda bien explicado. No hay vueltas de tuerca, ni sorprendentes ni efectistas. No hay equivocaciones, solo es cuestión de actuar para sobrevivir. Pensar, ponerte en acción y todo saldrá bien... o no. La naturaleza tiene un protagonismo especial, único, misterioso y hasta terrorífico. Shyamalan no deja de lado su misticismo y su hacer pensar, aunque esta vez no tenga tanta fuerza.

¿Por qué, a pesar de no haber sacado esa historia tan genial que esperaba, The Happening es una gran película? Porque Shyamalan tiene verdadero talento. Tiene ojos de cineasta verdadero. La película tiene momentos escalofriantes, pero también bellos. No me importa que en vez de sugerir esta vez le dé por mostrar, para que veamos que también sabe enseñar sangre. Todos sus errores me valen por su ingenio, por su saber hacer, por su técnica, por su mágica ambientación, por el mundo que crea. Por la elección de sus actores: el papel de Leguizamo es un gran acierto. La escena de la división de coches es maravillosa.


Me encanta James Newton Howard. Las obras de Shyamalan son tan especiales porque Howard las musicaliza. Forman un tándem magistral. Desde los títulos de crédito (sencillitos pero efectivos) vemos su sello personal, el misterio, el miedo, la histeria, la impotencia que nos va acompañando.

Que cada uno le saque las interpretaciones que quiera. Que la naturaleza nos está avisando, que el amor hace que la amenaza pare, que el epílogo trae cola... para eso está el cine. Tengo prejuicios, lo sé, Shyamalan es mi genio personal. No todo iban a ser obras maestras, pero siempre serán grandes películas. La frase promocional lo resume muy bien: "Lo hemos sentido, hemos visto la señales, ahora está sucediendo". Ya no es una promesa, es un hecho. Que me ha gustado.

jueves, mayo 08, 2008

Lo importante es vivir

Cuando el estudiante de arte en Londres, Ben Willis, sufre una dolorosa ruptura, él desarrolla insomnio. Para matar el tiempo, empieza a trabajar en el turno de noche en un supermercado local. Allí conoce a un colorido reparto de personajes, y todos ellos tienen su propio "arte" al tratar con el aburrimiento de un turno de ocho horas. El arte de Ben le permite ver la inolvidable belleza del mundo cotidiano y la gente dentro de él -especialmente Sharon, la callada cajera, que quizá tiene la respuesta para solucionar el problema del insomnio de Ben.


Masacres familiares, obsesos psicópatas, atracos, consecuencias de la guerra, secuestros y chantajes, amenazas de muerte... Resumen de la cartelera, llena de tragedia y conflictos de vida o muerte. Y un tal Sean Ellis hace una película cuya mayor tragedia es que al protagonista le ha dejado la novia. En un par de cines y en versión original, asoma Cashback.

Esta opera prima de un fotógrafo reconvertido en cineasta era inicialmente un cortometraje, pero la historia tenía mucho más de sí que dar: la sensación onírica de irrealidad insómnica. Curiosa paradoja. Sean Ellis demuestra mucho desparpajo y dominio de la técnica, además de una gran sensibilidad y humor para contarnos la pequeña tragedia de Ben, cuando toda la introspección del comienzo podría haber resultado en manos de otro una retahila pedante, y, lo que es peor, aburrida e insincera.

A Ben le deja la novia. No puede conciliar el sueño, así que se busca un trabajo nocturno. Y en el lugar más frío y deprimente en el que se pueda trabajar de noche, un supermercado, encuentra más que unos amigos frikis. La belleza, primero impersonal, en todas las bellas mujeres a las que Ben desnuda, y después... a Sharon.


Vale que el humor inglesito a veces se pasa de absurdo, que algunas situaciones se ven venir (la galería de arte) y que los amigos son, en su gran mayoría, una exposición de tópicos. Pero yo creo que hay gente así. Acaban haciéndose entrañablemente patéticos, que nos hacen reír con cada situación que montan.

Dos referencias cinéfilas: Severin, la melancólica dominatrix de Shortbus, la que quería que el tiempo se detuviera y desaparecer... quizá Ben hubiera podido ayudarla. Y los últimos instantes de la película: María y Matthew de Trust. Éstos son más dulzones, pero la esencia es la misma. Confiar.

Y el final acaba de poner la guinda a este dulce, qué miedo tenía que fuera demasiado amargo o, por el contrario, empalagoso. “Lo que nos pasamos la vida buscando, a menudo está justo frente a nosotros. Y si nos tomamos el tiempo para ver las cosas con calma, encontramos en nosotros lo que queremos o encontramos formas de obtenerlo. Y lo que supuestamente es imperfecto puede ser visto de forma diferente”. Palabras del director. Un minuto puede valer para hacernos feliz.

domingo, abril 27, 2008

Las fábulas también son para los niños grandes

Empezando de nuevo tras la muerte de su madre, Anthony, de nueve años de edad, se muestra siempre pragmático, mientras que su hermano pequeño Damian, dos años menor que él, emplea la imaginación, la fantasía y la fe para que su confuso mundo tenga un sentido. Una bolsa llena de billetes cae de los cielos a pies de Damian y lleva a los niños a una aventura imperecedera que les hace darse cuenta de que el verdadero valor de las cosas no tiene nada que ver con el dinero.


Una peli con mensaje. Desde el título, desde el cartel, desde la sinopsis... Danny Boyle se sale totalmente de sus registros -aunque tampoco es que suela seguir un estilo concreto- y nos sale con una película fabulescamente moral, bonita e infantil. O mejor dicho, para ver con ojos y espíritu de niño, como los inmensa mirada del protagonista. Y por eso no gustará a todos, pero a mi me ha encantado.

El argumento no puede ser más peregrino: un niño huérfano de madre, con padre amable pero que trabaja mucho y un hermano más listo que el hambre, que se acaba de mudar, juega solo y se sabe de memoria la vida de los santos... de hecho hasta charla con ellos. Y un día, el milagro sucede. Una bolsa repleta de billetes como regalo del cielo. Como Un millón en la basura. Y es que al prota no se le ocurre otra cosa que repartir el botín entre los pobres. Tiene fe. Su hermano en cambio, un tiburón de las finanzas, tiene los pies en la tierra. Esto va a traer cola...

Me gusta que Boyle pase de los convencionalismos y se meta en extravagancias. Todo el principio con la mudanza, santa ¿Bárbara, Águeda?, la ambigua presencia de la madre, las almohadas... La película está bien contada, sin que sepamos muy bien en qué género estamos metidos. Hay un poco de todo: comedia, fantasía, drama, suspense... También hay espacio para la paranoia y el surrealismo, combinados con unos efectos visuales estupendos -y la canción final- que nos hacen sonreír.


Efectivamente, el protagonista infantil es de lo mejorcito que se ha hecho desde El sexto sentido. Tanto de guión como de interpretación. Recordad la escena de los teléfonos. Los dos hermanos se compran dos móviles de última generación, videollamada incluida. Están a pocos metros y el pequeño dice "te veo muy borroso en el teléfono". Es que eso es sabiduría y cariño. O la escena de San Pedro y su explicación del milagro de los panes y los peces. Desternillante.

Boyle nos cuenta otra vez lo de siempre, nos habla de los eternos dilemas morales y la manera en que se puede reaccionar a ellos. La vida es una continua elección. Que lo de la madre esté muy sobado... pues a mí se me cayó la lagrimilla, no pude evitarlo. Que el final parezca un anuncio publicitario... a mí me puso una sonrisa en la cara. Como Damian, Millones es encantadora, si sabes verla con los ojos adecuados.

lunes, abril 14, 2008

Animalitos

Melanie, una rica y hermosa joven de la alta sociedad de San Francisco, conoce casualmente en una pajarería a un abogado. El es Mitch Brenner y ha ido a comprar un par de periquitos para su hermana Kathy, que acaba de cumplir once años. Mitch, que conoce a Melanie por la prensa, la trata despectivamente y se marcha dejándola rabiosa pero intrigada. Melanie decide encargar unos periquitos y llevarlos a casa del abogado, pero éste se ha marchado el fin de semana a casa de su madre. Melanie decide entonces darle una sopresa llevándole la pareja de periquitos a la ciudad natal de los Brenner, Bodega Bay. Cuando llega al lugar, los pájaros de la zona comienzan a atacar sin razón aparente a los habitantes del lugar. La situación se agravará a medida que avanzan las horas.


Los pájaros, fantástica película de terror, precursora de un género que, salvo un par de experiencias como La humanidad en peligro y Cuando ruge la marabunta, apenas había vuelto la vista hacia los animales. Pero Alfred Hitchcock no desatiende a los humanos y cuida los matices de la cinta. Recordad el momento en que Melanie entrega los pajaritos del amor a su deseado. La comedia romántica, tan perfecta que hasta resulta burda, se quiebra tan violentamente que el resultado es el mismo caos.

Los pájaros es uno de los clásicos más recordados de Alfred Hitchcock sin duda por su originalidad, aunque conviene no buscarle la lógica. El ataque de los pájaros en ese pueblo aislado ha sido objeto de interpretaciones de tipo simbólico (que si el enfrentamiento entre la palabra y el caos, el Apocalipsis que se consuma, la sexualidad reprimida de la chica...), pero las aves probablemente sean un vehículo plástico y narrativo para los trucos del mago. Puedes ponerte a analizarla (y ver pajaritos en todas las películas de Hitch), o bien repantigarte en el sofá y disfrutar del espectáculo. Hoy, su puesta en escena se aprecia con admiración y sus efectos especiales, con cariño.


Sin música, pero con una banda de sonido (de Herrmann, claro) que funciona como una orquesta, Los pájaros tiene una brillantez técnica como pocas veces llegó a alcanzar. Los ataques de los pájaros, especialmente el que tiene lugar cuando los niños salen de la escuela, son antológicos, y tantas veces homenajeados/copiados/profanados. Y las oscuras relaciones (atención a lo que se parecen la puñetera madre y la pija salida de Melanie y la pinta de galán de pega de Rod Taylor) entre los personajes contribuyen a que esta enrarecida metáfora sea una de las películas más misteriosas del cine, aunque todo el mundo sienta el latido de los deseos en sus imágenes.

¿Y el final? ¿Qué? ¿Qué impresión te produce? Es decepcionante y genial a la vez. Mira que es rebuscada toda la película, pero te lo crees. Es como el borracho del bar. Increíble, patético, pero al final es cierto, desasosegante, sin sentido, el anticlímax más famoso del cine. No le hagas caso a la parodia de comedia del principio, que de todas maneras es de una ironía finísima. El fin de fiesta está por llegar.

sábado, abril 05, 2008

Momentos para coleccionar XVIII


Leonard Shelby (Guy Pierce):

"¿Cómo puedo cicatrizar si no siento el paso del tiempo?"


Memento (Christopher Nolan, 2000)

viernes, marzo 28, 2008

Por última vez

José Luis, empleado en una funeraria, está pensando en emigrar a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Enamorado de Carmen, hija de Amadeo, un «administrador de justicia» que parece tener soluciones para todo, será sorprendido con ella en la intimidad, por lo que se ven obligados a casarse. Ante la acuciante falta de medios económicos y la necesidad de buscar un piso para fundar el nuevo hogar, Amadeo, que está a punto de jubilarse, convence a José Luis para que solicite la plaza de verdugo que va a dejar vacante, y con la que tendrá derecho a una vivienda. Basta con que José Luis herede la profesión de su suegro. Esa es la única condición que pone el Patronato de la Vivienda. Presionado por la familia, José Luis acepta y, convencido de que jamás ejercerá, se hace verdugo. Mientras no hay ejecuciones, la vida en la casa nueva transcurre plácidamente, pero un día llega el temido telegrama: debe ajusticiar a un condenado en Mallorca. La posibilidad de un indulto es su única esperanza.


Luis García Berlanga y Rafael Azcona eran los mejores cuando debían eludir la censura y en esta comedia negra, para mí la mejor película española de la historia, logran su cima, junto al guionista Ennio Flaiano y el operador Tonino Delli Colli, italianos como la coproducción. El embajador de España en Roma declaró, tras intentar prohibir su exhibición, "La película me parece uno de los más impresionantes libelos que jamás se hayan hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad. Es una inacabable crítica caricaturesca de la vida española." Tenía toda la razón. Lo mejor es tratar esta tragedia desde una óptica cómica, que si no, la experiencia puede ser tremenda. Nunca olvidaré el último plano inhumano de Pascual Duarte, pero ésta la recuerdo fotograma por fotograma. Porque sin ser tan explícita, es mucho más terrible.

Los personajes son un viejo verdugo del régimen, su hija casadera y la “víctima” de ambos, un empleado de pompas fúnebres destinado a heredar el puesto de su futuro suegro. Un hombre normal y corriente, que tiene un trabajo con el que gana poco dinero. Ya casado espera no tener que ejercer nunca su profesión. Pero ese momento llega.

Imprescindible alegato contra la pena de muerte, con un Nino Manfredi (tan buen actor que logra no parecer italiano) acobardado, y un Pepe Isbert (tan genial que vuelve querible a su nefasto personaje) que engrandecen una película que mejora con el tiempo, junto a un gran reparto en el que asoman Lola Gaos, José María Prada, Antonio Ferrandis, Chus Lampreave, José Luis Coll, Erasmo Pascual, Manuel Alexandre, Elvira Quintillá, Alfredo Landa, José Sazatornil, Agustín González y Julia Caba Alba...


-"Amadeo: Me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano. ¿Qué es mejor, la guillotina? ¿Usted cree que se puede enterrar a un hombre hecho pedazos?
-José Luis: No. Yo no entiendo de eso.
-Amadeo: Y que me dice de los americanos. La silla eléctrica son miles de voltios. Los deja negros, abrasados. ¡A ver dónde está la humanidad de la silla!
-Jose Luis: Yo creo que la gente debe morir en su cama ¿no?
-Amadeo: Naturalmente, pero si existe la pena de muerte, alguien tiene que aplicarla."

Excelente comedia llena de un personal humor negro y un duro alegato contra la pena de muerte. La historia de cómo obligan a Jose Luis a hacer lo que no quiere, casarse, tener un hijo y convertirse en verdugo, con el acicate de que mejorará su vida por lo bien que guisa Carmen y disfrutará del piso que ha conseguido don Amadeo. Es una mirada entre divertida y asqueada, certificando cómo los convencionalismos absurdos nos obligan a actuar de modo "normal".

El verdugo no es sólo una de las películas más importantes de la historia del cine español. Es también una de las más duras y siniestras, porque Berlanga y Azcona reducen la pena de muerte a un triste oficio. La sencillez con que está planificada y la versatilidad de matices que ofrece el gran Pepe Isbert otorga credibilidad al drama: en definitiva, matar a alguien en nombre del Estado es también un trabajo como otro cualquiera. Obra de dos genios.

domingo, marzo 23, 2008

Aquí la conciencia no tiene lugar

Berlín, 1936. Sorowitsch es el rey de los falsificadores de moneda. Pronto es arrestado por los nazis y llevado a un campo de concentración donde es obligado a trabajar para ellos junto a otro grupo de falsificadores. Esto les supone un dilema moral ya que cooperar con sus verdugos prolongará la guerra y podría significar la victoria para los alemanes.


Con el Oscar bajo el brazo llega Los falsificadores, otra película más sobre el Holocausto, austriaca, basada en hechos reales -en la novela autobiográfica The Devil’s Workshop, de Adolf Burger-, sobre la Operación Bernhard. La lista de Schindler, El pianista, Valkyria... El tema del Holocausto ha dado grandes obras maestras, pero sobre todo, con corazón.

98 minutos que no se hacen cortos, que no son una lección de historia -según el propio director- , sino "cuestiones universales para un público contemporáneo". No hay grandes horrores, todo es sobrio y el acercamiento, respetuoso, buscando mostrar más matices más allá del blanco y el negro. El dilema, si merece la pena intentar salvarse uno mismo a toda costa echando por tierra todos tus principios o perder la vida cuando las oportunidades de sobrevivir son prácticamente nulas. Cuando la supervivencia es la clave, no hay ideales ni personalidad que valgan.

Stefan Ruzowitzky (con Tempo, Los herederos, Anatomía 1 y 2 (!!), All the Queen´s Men a sus espaldas) nos da una visión cercana y directa, y lejos de la grandiosidad hollywoodiense, se centra en los conflictos de los personajes, a costa de sacrificar una buena estructura narrativa, que en este caso queda un poco endeble, y de ganar previsibilidad. Mucha cámara en movimiento, primeros planos y zooms, en vez de los planos descriptivos y tranquilitos propios del género.


Lo mejor, las interpretaciones del semihéroe Sorowitsch (Karl Markovics) y de sus compañeros, aun teniendo personajes bastante desdibujados; y esa gran banda sonora, con las viejas grabaciones de ópera de Deutsche Grammphon, esa habanera, y los tangos a la armónica.

Al final, todo se reduce a sobrevivir. "No se consigue nada tratando a los seres humanos como si fuesen mierda, no es productivo. Es mucho más práctico tratar a la mierda como si fuesen seres humanos". De qué va Los falsificadores, de cómo el poder absoluto y absurdo sobre otro ser humano y el tenerlo a su merced hace sacar lo peor del verdugo... y de cómo el papel de víctima impotente deshumaniza la dignidad del hombre. De lo terrible que es hacer de la supervivencia un negocio.